The History of Formentera


Formentera siempre ha sido considerada como la “hermana menor” de Ibiza. Y, si bien es cierto que su tamaño la aproxima a esa idea, no lo es tanto si tenemos en cuenta la capacidad de concentración de belleza en proporción a su extensión. Su superficie es de entre 83 y 84 km cuadrados, con un litoral de 69km y, como cualquier isla, flota en el mar y vive de las cristalinas aguas que la envuelven. Pero Formentera no es prisionera del Mediterráneo, no es otro “accidente” de este nuestro pequeño mar. Formentera es un regalo de la tierra a su aguas. Un respetuoso regalo a la luz de levante.

Los vestigios de la presencia del hombre en Formentera se remontan al menos a 4.000 años. De la dominación romana queda como máximo exponente el campamento de Can Blai, en las cercanías de Es Caló.

Tras el periodo de dominación árabe, Ibiza y Formentera fueron conquistadas por tropas catalanas en 1235. La emigración a tierras lejanas fue una constante hasta mediados del siglo XX. El turismo cambió de forma radical la economía y la sociedad de la isla. Los hippies contribuyeron de forma decisiva en darla a conocer y unir su nombre a un modo distinto de entender la vida y hacer turismo.

Pasados los siglos, todavía no se sabe a ciencia cierta la procedencia de las manifestaciones folclóricas de Formentera, aunque resulta obvio que las reminescencias son árabes (mayormente en el canto) son muchos los matices que pueden hacer dudar de ello. Llama poderosamente la atención la simbología de la danza así como la singularidad de los instrumentos musicales que se utilizan, elaborados totalmente de forma artesanal partiendo de la base del uso de materias primas exclusivamente autóctonas.

Resultan muy espectaculares las vestimentas, sobre todo las de fiesta de la mujer, complementadas con una ´emprendada´ de oro (de precio incalculable) y que contrasta poderosamente con la vestimenta de trabajo totalmente negra y de una extrema sencillez.

El descubrimiento del sepulcro megalítico de Ca na Costa, que se produjo en 1974, documentó la presencia del hombre en las Pitiusas en la edad del Bronce; datado en el 1600 a.C., el hallazgo de este monumento funerario significó para Formentera su “entrada” en la prehistoria. Ca na Costa, junto con otros vestigios de la época, atestigua la presencia de comunidades humanas hace casi cuatro mil años.

El discurrir histórico de Formentera desde los tiempos de fenicios y cartagineses ha ido parejo al de la vecina Ibiza. Los restos fenicios y romanos hallados en Formentera son menos densos que en Ibiza y, entre ellos, destaca el campamento romano de Can Blai, en el punto kilométrico 10 de la carretera general de la isla. De lo que sí hay testimonios rotundos es de la condición de isla poblada en la antigüedad. El historiador griego Estrabón, por ejemplo, así lo confirma al inicio de nuestra era y es el primero que se refiere a la actual Formentera como Ophiusa en su Geografía. Otros autores de la antigüedad hablan ya de Ibiza y Formentera como “islas de los pinos”.

El Espalmador, un islote situado a caballo entre Ibiza y Formentera, fue en la antigüedad un importante puerto de tránsito, dada su estratégica situación en las rutas comerciales marítimas del Mediterráneo occidental. El periodo oscuro en lo referido al conocimiento histórico que se abre para Formentera con las invasiones vándalas y bizantinas de Baleares, en los siglos V y VI, se rompe con los testimonios de la presencia árabe, constatada mediante lápidas de los primeros años del actual milenio. Cuando las tropas catalano-aragonesas de Guillem de Montgrí, en 1235, conquistaron las Pitiusas, Formentera estaba aún habitada por sarracenos, según quedó recogido en el Llibre dels feits.

El intento de establecer una población permanente en Formentera fracasó; la dureza de la isla y la inseguridad provocada por las incursiones berberiscas pusieron fin, en los últimos años del siglo XIV, a lo que se conoce como el primer repoblamiento.

Tuvieron que pasar tres siglos para que, en 1697, las gentes de Ibiza se decidieran a repoblar Formentera. Para ello construyeron la iglesia fortificada de Sant Francesc Xavier, que da nombre a la principal localidad de la isla, y que durante décadas ofreció seguridad a los habitantes de Formentera. Algunas torres de defensa y vigía en el litoral complementaron el sistema defensivo de la isla y convirtieron el segundo repoblamiento en definitivo. Hacia mediados del siglo XVIII la población de Formentera era de cuatrocientas personas y a finales del siglo pasado la isla tenía ya casi dos millares de habitantes.

Imagen Copyright © formentera photography


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